Henrique Capriles Radonski, líder opositor venezolano y actualmente diputado por la bancada Unión y Cambio, ha puesto sobre la mesa un mensaje claro y contundente en medio de la delicada coyuntura política que vive Venezuela: considera imposible hablar de una transición real hacia la democracia si no se respetan y garantizan las libertades personales de todos los ciudadanos. Esta afirmación emerge en un momento clave tras eventos recientes en el país que han reconfigurado el panorama político venezolano y suscitan un debate profundo sobre la dirección que debe tomar la nación sudamericana.

Un contexto de cambios y tensiones políticas

En los primeros días de enero de 2026, Venezuela vivió uno de los movimientos más significativos de su historia reciente: la salida del poder de Nicolás Maduro y Cilia Flores luego de un operativo liderado por fuerzas estadounidenses. Este hecho desató una serie de declaraciones y acciones tanto por parte del chavismo como de la oposición. Mientras Delcy Rodríguez —quien asumió la presidencia encargada según las autoridades en funciones— aseguró que el país se encuentra ante un “nuevo momento político” y que se han liberado cientos de presos políticos como muestra de apertura, sectores críticos han cuestionado tanto la transparencia como la magnitud real de esas liberaciones.

Capriles, por su parte, ha sido enfático al señalar que aunque estos acontecimientos representan hechos importantes, no constituyen por sí solos una transición democrática legítima. Desde su perspectiva, las acciones deben ir más allá de gestos políticos y abordar las raíces de la crisis: el respeto a las libertades individuales, la participación ciudadana sin miedo a represalias, y un proceso claro y verificable que permita la recuperación de las instituciones democráticas.

Libertad personal: un requisito innegociable

Al intervenir en una rueda de prensa con su bancada opositora denominada Libertad, Capriles destacó que no se puede hablar de transición hasta que los venezolanos puedan ejercer plenamente sus libertades personales. Estas libertades, explicó, no se limitan únicamente a la ausencia de prisión arbitraria: también implican la libertad de expresión, de asociación, de tránsito y el reconocimiento de derechos fundamentales sin temor a persecución o castigo por motivos políticos.

Para Capriles, la libertad personal es la piedra angular sobre la cual se puede construir cualquier proceso de cambio político sostenible. “Hasta que no hablemos de tener todas las libertades personales —y la libertad personal no se circunscribe únicamente a no ir preso— no se puede hablar de transición”, enfatizó. Esta declaración refleja la preocupación de amplios sectores de la sociedad venezolana que han sufrido décadas de represión, controles autoritarios y restricciones de derechos básicos bajo los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

Una transición bien entendida

¿Qué quiere decir Capriles con “transición”? En Venezuela, el término ha tenido distintas interpretaciones a lo largo de los años. Desde la crisis política de 2019, con la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente interino, hasta los procesos electorales recientes y las negociaciones internacionales, la idea de transición ha estado en el centro del debate. El Estatuto que rige la transición a la democracia, aprobado en 2019 por la Asamblea Nacional opositora, buscaba establecer un marco legal para restaurar la vigencia de la Constitución y sentar las bases de un gobierno provisional que convocara elecciones libres.

Capriles rechaza las versiones simplistas de transición que no abordan requisitos fundamentales: un cronograma electoral verificable, la liberación plena de presos políticos sin condiciones, el retorno seguro de exiliados y la restauración de instituciones independientes como el Poder Judicial y el Consejo Nacional Electoral. Según él, una transición no puede consistir en cambios superficiales o pactos entre élites sin que exista un verdadero reconocimiento de derechos y garantías para el ciudadano común.

Libertad política y unidad opositora

Parte de la propuesta de Capriles incluye la necesidad de una unidad más cohesionada dentro de la oposición venezolana. El antichavismo ha estado históricamente fragmentado, con divisiones entre quienes promueven la participación electoral como herramienta de resistencia y quienes abogan por el boicot ante condiciones que consideran injustas. La creación de la bancada Libertad y el impulso de partidos como Unión y Cambio surgen como una alternativa para articular una estrategia que combine participación, presión cívica y defensa de derechos.

Esta visión busca superar posturas extremas que, según Capriles, han debilitado la capacidad de respuesta de la oposición frente al oficialismo. La unidad no significa uniformidad, sino coordinación estratégica y respeto por las diversas formas de lucha democrática, subraya el político. Su enfoque tiende a equilibrar la necesidad de mantener presión política con la de participar en mecanismos que puedan abrir espacios reales de cambio.

Críticas a la “paz pactada” y la recuperación institucional

Capriles ha criticado la idea de una “paz pactada” en la que se acepten las condiciones actuales sin exigir transformaciones estructurales profundas. Argumenta que cualquier acuerdo que no contemple libertades personales plenas y garantías electorales corre el riesgo de consolidar una forma de poder disimulada en lugar de promover una democratización genuina.

En sus declaraciones recientes, también ha abordado otros aspectos esenciales para la estabilidad, como la recuperación económica, la defensa del salario y la transparencia en el manejo de los recursos del país. Aunque estos elementos van más allá de los derechos políticos estrictamente entendidos, Capriles sostiene que la libertad personal es inseparable de la justicia social: sin condiciones económicas básicas, la participación política queda limitada a quienes tienen recursos o acceso privilegiado.

El desafío de la institucionalidad democrática

Uno de los mayores obstáculos para una transición auténtica en Venezuela, según analistas y actores políticos, es la debilidad de las instituciones democráticas. Bajo los gobiernos de Chávez y Maduro, se han denunciado repetidamente ataques a la independencia judicial, el acoso a la prensa libre y el uso de estructuras estatales para favorecer al oficialismo. Organismos internacionales de derechos humanos han documentado violaciones sistemáticas a principios básicos de separación de poderes y respeto a los derechos políticos.

Capriles hace eco de estas preocupaciones y afirma que restaurar la confianza en las instituciones es parte integral de cualquier transición. Esto incluye reformar organismos como el Consejo Nacional Electoral, asegurar la imparcialidad del Poder Judicial y garantizar la protección de los derechos fundamentales para todos los ciudadanos, sin excepción.

Mirada hacia el futuro

La declaración de Capriles —“no habrá transición si no se garantizan las libertades personales”— no es solo una crítica al estado actual de las cosas, sino también un llamado a la acción. Es una exigencia a actores internos y externos para que cualquier proceso de cambio en Venezuela no se reduzca a una serie de gestos políticos o pactos de conveniencia, sino que se convierta en una transformación profunda que devuelva la dignidad y los derechos a los venezolanos.

Para quienes siguen de cerca la política venezolana, la propuesta de Capriles representa un enfoque pragmático, aunque desafiante, que busca equilibrar la presión por resultados con un respeto irrestricto por los principios democráticos. Su insistencia en la libertad personal como condición innegociable refleja la aspiración de millones de venezolanos que han vivido años de restricciones y buscan una salida pacífica, constitucional y con participación popular.

En última instancia, el verdadero significado de una transición democrática en Venezuela —si es que alguna vez se alcanza— dependerá de la capacidad de las fuerzas políticas de construir consensos, defender derechos y promover la justicia social para todos. En este sentido, la voz de Capriles aporta un elemento crucial al debate nacional: sin libertad, no hay transición; sin derechos, no hay democracia.

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